Elche es la tercera ciudad de la Comunidad Valenciana y tiene industria propia, con el calzado y su industria auxiliar como eje. La consecuencia para una web es directa: aquí el visitante que importa muchas veces no es un consumidor, es el departamento de compras de otra empresa. Esa persona no busca una web bonita, busca la ficha técnica, la referencia y a quién llamar, y si no lo encuentra en dos clics se va a la del competidor.
De ahí que el proyecto habitual de Elche sea un catálogo, no un escaparate. Fichas con especificaciones, descargas en PDF, buscador por referencia y un formulario que distinga al profesional del curioso. Montar eso sobre una plantilla de tienda es forzar la herramienta: acaba funcionando a medias y pidiendo plugins que se rompen en cada actualización.
La tercera particularidad es el idioma. Una parte importante de lo que se fabrica en Elche se vende fuera, y la web es lo primero que mira un comprador extranjero antes de una feria. Eso significa inglés de verdad, con hreflang y textos traducidos, no un desplegable que pasa la página por un traductor automático que Google ni indexa y que un comprador detecta en la primera línea.